Tengo dos años escribiendo un libro. Desde morro, mi sueño ha sido ser escritor.
Pero me ha costado mucho tener la disciplina para terminarlo, para escribir de forma estructurada y constante. En teoría, la razón es que tengo tres trabajos, ando en friega y priorizo actividades para generar más feria y vivir como me gusta.
Pero la realidad es otra: a lo que menos tiempo le dedico es a construir ese sueño de ser escritor. Y se me hace bien contradictorio.
Entre pensamientos que no paran, un libro que estoy leyendo y emociones por decisiones recientes, me di cuenta de algo: estoy enamorado de la posibilidad de ser escritor… en lugar de realmente serlo.
No avanzó porque estoy enamorado de lo que podría ser ese libro, de platicar la idea, de imaginar su éxito. Y en el día a día me conviene decir que estoy “en proceso”, porque así pruebo un poco de ese glamour de ser escritor… sin serlo de verdad. Porque la neta, no lo soy. Aún no he publicado nada.
Introspectando un poco más, tal vez sea miedo al fracaso… o incluso a cambiar. Pero bueno, hoy decido dejar de amar la posibilidad y convertir ese amor en acción.
Quiero ser ese escritor que sí publica, que sí termina, que deja registro de lo que piensa. No solo para mí, sino para quien venga después. Para que, en unas décadas, alguien lea algo mío y se identifique.
Creo que esto, más que un artículo, es una autorregañiza para mí… y una promesa real. Para mí, y claro, para ustedes.
A darle.
Con cariño,
Chiner
Venimos a pasarla bien.