Eran las 6:30 pm del 31 de Diciembre, tenía una cagüamita Carta Blanca en la mano y dos de mis personas favoritas de cada lado; Raymond el carnal que no tuve y Ale mi morrita.
Estamos en la Ventana Baja California, una tierra mágica caracterizada por el viento que te acaricia todo el tiempo y convierte al mar en una chancha inmeza de kite surf, donde Raymond tiene un AIRBNB “La Casa del Tío” y recientemente un restaurante “Cebollajo”.
Estábamos platicando del gusto de vernos entre carcajadas y tragos prolongados de cheve, yo estaba impresionado por lo que ha crecido su proyecto del restaurante, era la cena de año nuevo y ya estaba todo seteado, esperaba a 58 personas para esa noche, el año pasado había estado aquí, el personal y comensales eran menos de la mitad.
A mi me ha tocado todo el proceso desde hace más de 10 años donde me platicaba de sus planes de irse a vivir a la playa y ganar dinero haciendo lo que le apasiona.
Mientras lo felicitaba se me venían sentimientos encontrados porque sentía una alegría inmensurable por ver su sueño ya tangible, pero a la vez sentía un poco de ansiedad por pensar en mis sueños que estoy por alcanzar pero siguen estando algo lejos.
Despuesito de tener esta combinación de emociones pensé en voz alta y dije “tengo que dejar de ser tan complaciente con el destino” y me refiero a que siempre he confiado en él, se que va a pasar lo que deseo, no tengo la menor duda, pero el ritmo es la base para llegar al destino y ese ritmo para mi lo marcan el enfoque de tiempo en ese sueño y poner esos deseos en “tierra fértil” para que crezca lo más rápido y sano posible.
Ahora que regresé a mi ciudad llegué entusiasmado de ese aprendizaje, tomaré decisiones más enfocadas, más radicales y objetivas para no dejarle toda la responsabilidad del ritmo de mis sueños al destino.
Con cariño Chiner
Venimos a pasarla bien.