Entregar y liberar

Me encontraba caminando en un hike en la sierra de Oaxaca. Íbamos en descenso, justo a la mitad de los tres días de aventura. Era el punto más fértil de la montaña gracias al ecosistema que generan la altura, el agua, la tierra y la neblina.

Santi, el guía, nos señaló dos árboles enormes y completamente rectos que estaban a unos 30 pasos de donde nos encontrábamos parados. Nos dijo:

—Justo aquí está el corazón de esta montaña selvática, y esos dos árboles son los más viejos de este lugar.

Medían aproximadamente entre 15 y 18 metros de altura y quizá unos dos metros de diámetro. Altísimos. Además, al mirar hacia arriba, podías ver toda la abundancia de la naturaleza: musgo, distintas plantas y varias especies creciendo unas sobre otras. Parecía que el árbol se había puesto un outfit extravagante para la ocasión.

Al acercarnos, Santi hizo una pausa y nos dijo que deberíamos hacerle una ofrenda al árbol: entregarle algo de nuestra vida o pedirle algo especial.

Todos nos acercamos a abrazarlo. Yo cerré los ojos, recargué la cabeza y le di un abrazo apretado, como el abrazo de bienvenida a un ser querido que tenía mucho tiempo sin ver.

Estaba conmovido y muy motivado por toda la energía que sentía. Empecé a respirar profundamente y, después de un minuto dentro de ese pequeño ritual, por fin llegó a mi mente qué quería entregarle.

Decidí entregarle mis sueños.

Así es, le entregué mis sueños a un árbol en Oaxaca.

Sentí tanta confianza y sabiduría en ese ser vivo, que naturalmente le di lo más valioso que tengo.

Se sintió muy bonito. Pero al continuar caminando, me llegó una sensación que nunca había experimentado. Era como ligereza y responsabilidad al mismo tiempo. Como si le hubiera prometido algo importante a mi padre.

Aunque el árbol jamás va a contar mis sueños, yo siento más responsabilidad de lograrlos porque ya los compartí… y además pedí ayuda.

Constantemente recuerdo ese momento y me ayuda a seguir correteando ese par de sueños que entregué.

Prometí regresar al árbol el día que cumpla alguno de ellos, para celebrar.

Y eso me tiene muy motivado.

Les anexo un par de fotos del árbol y de ese momento.

PD. Agradecimientos especiales a Eloy, mi gran amigo, que me invitó a esta aventura.

Con cariño.

Chiner

Venimos a pasarla bien.

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