Más vale pájaro en mano 🐦

Eran las 7:55 am. Estaba a 12 grados en Austin, TX. Llevaba 5 minutos corriendo y justo la app me avisó que llevaba un kilómetro.

Ya se me había quitado el frío. El camino cambia y aparece un puente de madera que volaba sobre el río. Al decidir tomarlo, empiezo a escuchar mis pasos sobre la madera y automáticamente acelero.

A unos cuantos metros veo una parvada grande de pájaros volando en el camino. Decido quitarme los audífonos para escuchar más. Fue una gran decisión, porque entre el sonido de los pájaros, mis pasos y el viento, era un mejor soundtrack que el de mi playlist.

Seguí acelerando el paso porque quería coincidir y pasar por debajo de los pájaros que venían hacia mí, cruzando de forma perpendicular a mi camino. Cada vez iba más rápido, volteando hacia arriba, y justo cuando llego al punto de intersección, me freno.

Como si fuera obra de teatro, se despejan las nubes y un rayo de sol me pega en la cara, delicioso, mientras pasan alrededor de 100 pájaros a unos 10 metros arriba de mí.

Estaba emocionado, conmovido, feliz de haber logrado lo que me propuse. Me quito la gorra y digo en voz alta: “khermosodía”…

Y justo al llegar a la “a” de mi confesión, me cae una caca del último pájaro que se quedó rezagado en su vuelo. Creo que fue el último porque cenó mucho… lo puedo deducir por el volumen y la consistencia de la evidencia que tenía en el brazo.

Sonreí. Me limpié como si no hubiera pasado nada y continué corriendo. A los 10 pasos volví a decir “khermoso” en voz alta. Nunca pensé que la caca de un pájaro me cayera tan bien.

Corrí 6 km en total, y a muy buen ritmo. Terminé en un área de pasto, de ese pasto súper verde con brisa de la mañana. Para consentirme, me quité los tenis y los calcetines y empecé a caminar descalzo, delicioso, durante 5 minutos.

Ya de regreso, a unos pasos de mis tenis para ir por un cafecito, siento en mi pie izquierdo una sensación extraña, como si hubiera pisado un pastel.

Volteo para comprobar mi teoría optimista… y fallé.

Era caca, pero ahora de perro.

Seguí caminando, arrastrando ese pie para limpiarlo con el pasto. Luego me lo enjuagué con mi agua. Y justo cuando ya me estaba poniendo los tenis, pensé:

Esto ya ha de ser una señal de buena suerte.

Dije mi tercer “khermosodía” del día…
 y apenas eran las 9 am.

Con cariño,

 Chiner

Venimos a pasarla bien.

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