Lo raro es que también existen cosas que nos dan miedo porque nos pueden hacer bien.
Renunciar a la chamba que ya no queremos. Mudarnos. Empezar un proyecto. Terminar una relación. Enamorarnos. Tener éxito. Decir la verdad. Hacer eso que llevamos años diciendo que queremos hacer.
¿Por qué lo postergamos tanto? ¿Por qué nos da miedo algo que queremos?
Erich Fromm hablaba del “miedo a la libertad”. Decía que los humanos queremos ser libres, pero que ser libres también significa hacernos responsables de nuestras decisiones.
Mientras no puedo hacer algo, estoy tranquilo. Es una justificación hermosa.
Pero cuando se acerca la oportunidad, mental o circunstancial, de que sí se puede, ahí es donde aparece un vértigo raro combinado con temor. Aunque realmente estés seguro de que es lo correcto.
Creo que viene de que muy a menudo confundimos lo conocido con lo seguro.
Podemos estar bien frustrados con nuestro trabajo, pero ya sabemos cómo funciona. Una relación puede no gustarnos, pero ya estamos acostumbrados. Incluso hay dolores físicos que, después de mucho tiempo, aprendemos a vivir con ellos.
En cambio, algo que es mejor para nosotros puede ser completamente desconocido.
Y creo que ahí está una de las partes más interesantes del miedo:
A veces no tenemos miedo de que las cosas salgan mal. Tenemos miedo de que salgan bien.
Porque si salen bien, nuestra vida cambia.
Y nosotros también. Entramos a un mundo “desconocido”.
¿Esto me da miedo porque es peligroso o simplemente porque es nuevo?
No todo miedo te está diciendo que no vayas.
A veces solo te está avisando que nunca habías ido por ahí y que, tal vez, es una señal para intentarlo.
PD. Este artículo lo escribí para regañarme a mí mismo, jeje. Espero que les sea útil para que se jalen con eso que les da miedillo.
¡Ánimo!
Con cariño, Chiner