Viendo una película el fin de semana, se me quedó pegada una frase del diálogo:
"En la vida solo se puede sumar o restar. No existe una tercera opción."
Suena exagerado, pero me trajo dando vueltas la cabeza y, en la corrida mañanera del día siguiente, me hizo aún más sentido.
Muchas veces pensamos que estamos en pausa, que estamos manteniendo las cosas igual. Decimos cosas como: mi relación sentimental está estable, físicamente estoy igualito, el negocio no ha cambiado o el sueño que tengo puede esperar un poco más.
Pero la realidad es que la neutralidad no existe.
Una amistad que no se cuida se debilita.
Un cuerpo que no se mueve pierde condición.
Una chamba que deja de mejorar eventualmente se queda atrás.
Un sueño que no se alimenta comienza a apagarse.
La naturaleza nos lo enseña todos los días. Los astros, los árboles, el aire y el agua jamás están exactamente igual que ayer.
Nosotros no somos diferentes.
Incluso cuando creemos que no estamos eligiendo, estamos eligiendo. No tomar una decisión ya es una decisión. No actuar ya produce un resultado. No avanzar también nos mueve, solo que en una dirección distinta a la que imaginamos.
Por eso, cada día vale la pena preguntarnos:
¿Mis acciones están sumando a mi vida?
¿Estoy sumando salud o restándola?
¿Estoy sumando tiempo a mis sueños o restándoselo?
¿Estoy sumando amor a mis relaciones o dejando que se desgasten?
No se trata de vivir obsesionados con producir o mejorar cada minuto. También descansar, contemplar y jugar pueden sumar muchísimo. Se trata de entender la consecuencia de cada una de las decisiones que tomamos, sobre todo de aquellas que tomamos en automático.
La pregunta importante no es si estamos haciendo mucho o poco.
La verdadera pregunta es si aquello que hacemos alimenta la vida que queremos construir.
Porque, al final, aunque a veces parezca que estamos detenidos, la vida sigue avanzando.
Y mientras avanza, siempre estamos sumando o restando.
Es imposible no restarle.
Pero estar conscientes de ello, en lo personal, creo que hace una gran diferencia. Con terminar el día con saldo positivo después de todas las restas, ya me siento del otro lado y con muchas ganas de sumarle al día siguiente.