En él descubrí un concepto japonés llamado Shuhari, y me gustó por lo sencillo que explica el aprendizaje.
Dice que todos pasamos por tres etapas. Primero, Shu: aprendes las reglas. Después, Ha: experimentas con ellas. Y sólo al final, Ri: puedes romperlas para encontrar tu propio estilo.
Hoy queremos empezar al revés. Queremos innovar sin haber aprendido, emprender sin haber trabajado, escribir sin haber leído o ser diferentes sólo por ser diferentes, sin entender primero el porqué de las cosas.
Las reglas no existen para limitarnos; existen para darnos una base. Y cuando las dominas, dejan de sentirse como reglas.
Quizá la creatividad no consiste en romper las reglas. Consiste en conocerlas tan bien que un día puedas superarlas y jugar con ellas con intención, no sólo por querer ser diferente.
Pero el verdadero reto no termina ahí. Cuando logras crear algo nuevo, también adquieres la responsabilidad de compartirlo y dejar un camino para quienes vienen detrás.
Tal vez eso que hoy inventes, construyas o descubras se convierta mañana en el Shu de alguien más. Y quizá ese sea el verdadero legado: no sólo romper las reglas, sino crear unas nuevas para que alguien más, algún día, también pueda romperlas.
Con cariño, Chiner