Me enamoré ya viejón. Jeje.
Fue una boda mediana en la playa, con puros amigos y familia muy querida. Estuvo bien perro… un pachangón.
Pero con lo que más me quedé tripeando ese día fue con la sobredosis de amor que recibí. Ahí les va para que se den una idea. La pachanga duró ocho horas y las cuentas quedaron así:
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Di y recibí más de 150 abrazos honestos.
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Tuve más de 100 conversaciones profundas, aunque cortitas, sobre el amor y la felicidad.
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Lloré cinco veces: una en la ceremonia y cuatro durante la fiesta.
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Tomé ron y tequila como campeón… y uno que otro dulcesito chabocho.
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Comimos mariscos mientras estaba sentado con mi morra viendo la playa y a toda la raza disfrutando.
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Recibí un abrazo grupal de esos que no se olvidan.
Eso del abrazo grupal estuvo delicioso. Te platico...
Casi al terminar la pachanga agarré el micrófono y le pedí a todos los invitados que se vinieran a la pista. Les dije que quería que todos nos diéramos un abrazo.
En eso se dejó venir toda la raza y nos abrazamos durante unos treinta segundos. Éramos más de cien personas abrazadas, con mi morra y yo en el centro. De fondo estaba sonando "La Mudanza", de Bad Bunny.
Empecé a sentir un chorro de energía. Tenía los ojos cerrados y me hormigueaba todo el cuerpo. De repente empezamos a brincar. Abrí los ojos y vi alrededor a todos con unas sonrisas inmensas que no les cabían en la cara; algunos llorando y otros echando gritos maníacos.
Fue, sin duda, uno de los momentos más chilos de mi vida.
Y mi duda aquí es: ¿qué hay que hacer para vivir más cosas así?
Ya les he dicho que soy todas mías y quiero más de esto. Y definitivamente volverme a casar no es la respuesta. Es mucha feria y, además, ya encontré a la morrita que estaba buscando.
¿Cómo les caería hacer una boda de la amistad? De coperacha, cada quien con sus amigos. Repartir gastos, renovar votos, decirse mentiritas y cosas bonitas entre compas.
Estaría bien khermoso, ¿no?
Con cariño, Chiner