¿Te bañaste hoy? 🚿🤯

Todos los días nos bañamos, nos lavamos los dientes, nos ponemos ropa limpia y procuramos no oler tan peor. Desde morros nos enseñaron que la higiene es bien importante para estar presentables y sanos.

Pero nunca nos enseñaron cómo limpiar nuestra mente.

Todos los días acumulamos preocupaciones, frustraciones, comparaciones, miedos y pensamientos negativos. Algunos vienen de lo que vivimos, otros de lo que dicen de nosotros y muchos más son imaginarios.

Y así como no podemos evitar ensuciarnos o mancharnos físicamente, tampoco podemos evitar tener pensamientos negativos. Son parte de estar vivo.

Existe un concepto en psicología llamado psicohigiene, definido por el psicólogo argentino José Bleger, que propone cuidar nuestra salud mental de manera preventiva, así como cuidamos nuestro cuerpo.

Lo interesante es que no se trata de limpiar la mente hasta dejarla llena de pensamientos positivos. Eso sería tan absurdo e imposible como pretender nunca volver a sudar.

Se trata de aprender a relacionarnos con lo negativo sin permitir que nos contamine la khermosa vida.

Porque una cosa es tener un pensamiento y otra muy distinta es creerle todo lo que nos dice.

Podemos sentir miedo sin dejar que decida por nosotros. Podemos estar tristes sin pensar que nuestra vida es triste. Podemos tener un mal día sin convertirlo en una vida pal perro.

Tal vez practicar la psicohigiene sea aprender a observar lo que pensamos, cuestionar lo que nos hace daño y dejar pasar aquello que no merece quedarse.

Al final, no podemos elegir todos los pensamientos que llegan a nuestra cabeza, pero sí podemos aprender a decidir la cantidad de atención que les damos.

Nos bañamos todos los días para quitarnos la suciedad del cuerpo. Quizá también deberíamos dedicar unos minutos a no cargar con todo lo que se nos pega en la mente.

Este es un ejercicio práctico sobre la psicohigiene que lo puedes hacer diario en 5 minutos:

1) Reconoce: ¿Qué emoción o preocupación traigo hoy?

2) Distingue: ¿Qué es un hecho y qué es una historia que estoy construyendo?

3) Acepta: ¿Puedo permitir que esta emoción exista sin pelearme con ella?

4) Decide: ¿Hay algo útil que pueda hacer al respecto?

5) Suelta: Si no puedo resolverlo ahora, ¿puedo dejar de alimentarlo por un momento?

Concluyo con esta hipótesis: conocer tan bien mis emociones negativas que termine haciéndome buen amigo de ellas y tenga la confianza de decirles cuándo quedarse y cuándo irse, sin que se agüiten, jeje.

¡Ánimo!

Con cariño, Chiner

Venimos a pasarla bien.
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